Hola:
Una infografía sobre el paso de empleado a emprendedor.
Un saludo
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Hola:
Una infografía sobre el paso de empleado a emprendedor.
Un saludo
El email ha sustituido en los últimos tiempos a la carta de presentación, ya que la mayoría de los curriculums se envían por este medio, de ahí la importancia de cuidar cómo lo escribimos. Lo que ponga en el cuerpo del correo electrónico será lo que llame la atención del reclutador y haga que abra o no el curriculum que le adjuntamos, por eso es importante que dediquemos un tiempo a redactar el correo:
- Personalízalo, no hay nada tan poco atrayente como un email estándar con el consabido “Estimados Srs.”. Investiga un poco, averigua la persona a quien debes dirigirte y escríbele a él personalmente el correo. Por supuesto, nada de enviar correos masivos con montones de direcciones de email y sin ningún comentario en el cuerpo del mensaje, eso te va a descartar de inmediato (si no vas directamente a la carpeta de SPAM…).
- Demuestra que sabes algo de la compañía, lee en su web o en fuentes de información sobre el sector un poco sobre la compañía a la que vas a enviar tu candidatura y refleja ese conocimiento en tu correo.Ej. ” Conozco su compañía por la importante presencia que ha tenido en el evento del sector X….”
- Sé breve y conciso: un reclutador no espera un correo largo, sino que le digas exactamente qué quieres y qué puedes ofrecer. Cuenta un poco de tus capacidades y de tu formación o experiencia e indica en qué puesto estás interesado. Consigue despertar su interés por tu curriculum.
- Nada de faltas y errores ortográficos: pasa el corrector, lee, relee, pero nunca mandes un correo con faltas de ortografía, no habrá nada que destruya más rápido tu imagen. El reclutador pensará: “Si no cuida su trabajo ahora que se está vendiendo, ¿cómo será en el día a día…?” ¿No lo pensarías tú tambien? Pues cuida tu escritura.
¿Cómo envías tus emails cuando buscas trabajo?, ¿les das la misma importancia que a las cartas de presentación?
Imagen: Pixabay
La futura crisis ecológica y ambiental tiene que ver con la deforestación, la caza furtiva, la contaminación, la falta de conciencia ambiental y, en general, con un crecimiento insostenible que debería frenar un necesario y todavía inexistente acuerdo climático universal que permita detener el impacto del cambio climático.
En efecto, conseguir un mundo más justo, verde y próspero para todos, es decir, más sostenible, sólo es posible mediante un mayor respeto al entorno (flora y fauna), en dejar de considerarlos recursos que explotar, de forma exclusiva, dejando paso a una filosofía de vida que no fuerce los que los expertos llaman los límites planetarios.
En innumerables casos los recursos se acaban, pues son finitos, y eso supone un problema, pero en otros su abundancia es la raíz misma del problema. Un ejemplo es la insaciable demanda asiática de carbón, que tiene al planeta en jaque, al igual que otros combustibles fósiles no menos importantes, como el petróleo.
La dependencia del mundo de esta negra fuente de energía no sólo contamina a corto plazo, sino que representa un grave obstáculo, quizás insalvable, para la consecución de los objetivos climáticos. De este modo, si las predicciones no yerran, el carbón sustituirá al petróleo como principal fuente de energía en un futuro no lejano, lo que supondrá un terrible desastre ambiental.
La desesperanza será absoluta a partir de la próxima década, que es crucial para mantenernos por debajo de los dos grados sobre los niveles preindustriales, objetivo fundamental para poder combatir el cambio climático, es decir, para detener su impacto.
De no hacerse, es decir, de no llegarse con urgencia a un acuerdo climático vinculante cumplido a rajatabla, no lograrán evitarse los eventos extremos que ya están produciéndose, como las sequías, inundaciones, olas de calor, incendios forestales, huracanes, tormentas… Resultado: será inevitable una catástrofe ambiental planetaria, según advierte la ONU.
Pero no sólo eso, porque la salud humana se vería seriamente amenazada, disparándose el número de muertes producidas por la contaminación atmosférica, en buena parte provocada por la quema del carbón. Su letal presencia en el aire que respiramos resultará epidémica a nivel mundial. No en vano, la polución atmosférica será la segunda causa de muerte en el mundo, sólo por detrás de la hipertensión.
Son muchas las especies en peligro de extinción que van manteniéndose a duras penas, mientras su número desciende vertiginosamente por reducción del hábitat y por la enconada caza furtiva, entre otros factores. Pero más allá de los casos más mediáticos, en general, tanto la flora como la fauna estarán en jaque en muchos entornos naturales del planeta, cada vez más arrinconados y diezmados a consecuencia de la ambición humana. En particular, son las especies amenazadas más desprotegidas (tigres, rinocerontes, elefantes y un largo etcétera) las que se verán contra las cuerdas o, directamente, las que acabarán borradas del mapa.
De nosotros depende el futuro del planeta pues, de seguir expoliándolo como hasta ahora, tiene los días contados, al menos tal y como lo conocemos. Según concluyó una reciente investigación internacional llevada a cabo por prestigiosos científicos, el colapso planetario está a la vuelta de la esquina.
Si no lo remediamos, los ecosistemas naturales sufrirán un golpe de efectos irreversibles y el entorno hostil provocará la extinción de la especie humana. Sólo deteniendo el impacto que infligimos a la naturaleza podríamos salvarnos de caer en el fondo del abismo. Según sus pronósticos, en el 2025 habremos acabado con la mitad de los recursos naturales, llegando al 55 por ciento en el 2045, con un imparable aumento que superará los límites biofísicos. Unas previsiones que sólo pueden calificarse de tremebundas.
Todo trabajo implica una oportunidad para crecer, en el aspecto profesional -por supuesto- , pero también en el personal.
Un empleo no sólo resulta un instrumento para poner en práctica nuestros conocimientos, dar lo mejor de nosotros mismos, saber que somos útiles a la sociedad, sino que nos concede un grado de autonomía y dependencia (económica, personal) necesario para enfrentarnos a la vida en toda su plenitud.
Estas consignas, válidas para cualquier persona que haya tenido la oportunidad de incorporarse al mercado de trabajo, se intensifican cuando hablamos de personas con discapacidad. Por eso es importante que los prejuicios y estereotipos queden relegados de una vez por todas del inconsciente colectivo. Hemos de superar absurdos y obsoletos clichés para construir, entre todos, una sociedad más inclusiva. Siquiera por propio interés, ya que el bienestar del otro repercutirá, de un modo u otro, más tarde o más temprano, en mi propio bienestar.
Los empresarios cada día se muestran más receptivos. Ya conocen los resultados de contratar a trabajadores con discapacidad y saben de su capacidad de entrega y su profesionalidad, además del valor añadido que imprimen a la firma, el de la diversidad. Basta sólo echar un vistazo a las empresas que, a través de los convenios Inserta, suscritos con Fundación ONCE, incorporan en sus plantillas a personas con discapacidad: BBVA, Alcampo, Accenture, FCC, Repsol, Ikea, McDonald, Microsoft, Ford, Santander… la lista es extensa.
Pero también las propias personas con discapacidad son conscientes del reto que el empleo les supone, y su formación es, cada vez, más específica y profesional. Para ello, FSC Inserta, la entidad de recursos humanos de Fundación ONCE, imparte numerosos cursos formativos por toda España, cofinanciados por el Fondo Social Europeo, atendiendo a las necesidades del mercado, siempre oscilante. Nunca los trabajadores con discapacidad habían estado tan cualificados como hoy en día.
Las sociedades, sobre todo las europeas, llevan años haciendo un importante esfuerzo para que los ciudadanos con discapacidad (más de ochenta millones en el Viejo Continente) puedan participar plenamente en su realidad más inmediata. Conscientes de que no se trataba de una cuestión de concesiones más o menos arbitrarias sino de derechos, los gobiernos han ido pespuntando una serie de políticas que incentivasen la contratación de personas con discapacidad que, a grandes rasgos, está obteniendo unos resultados óptimos.
A este respecto, España tiene mucho que aportar al resto del mundo. Baste como ejemplo el reconocimiento que acaban de cosechar las políticas de empleo con apoyo como una de las prácticas más innovadores del mundo, según ‘Zero Project’, uno de los galardones internacionales de mayor prestigio.
Pocas legislaciones están tan avanzadas como la española en materia de discapacidad.
Pero no se trata únicamente de disponer de leyes. Se trata de cumplirlas. Y el empleo de las personas con discapacidad es uno de los parámetros que evitan que este colectivo sea doblemente discriminado. Ni siquiera la crisis puede enarbolarse como excusa. Porque no hay excusa alguna. Las personas con discapacidad generan riqueza. Económica. Pero también de valores. Es la suya una cultura (la del esfuerzo, la de superación de barreras, la de no darse por vencido) que conviene recordar. Y poner en práctica. Hoy más que nunca.
La última campaña de empleo dirigido a jóvenes con discapacidad llevaba el lema ‘No te rindas nunca’. De eso se trata. De saber que, aunque parezca que tenemos todo en contra, nadie como nosotros para saber gobernar el timón de tal modo que consigamos atracar en barco en puerto seguro.
Articulo realizado por Esther Peñas Domingo de Fundación ONCE para Empleoytrabajo.org
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